martes, 10 de diciembre de 2013

LA NATURALEZA



La naturaleza , en su sentido más amplio, es equivalente al mundo naturaluniverso físicomundo material o universo material. El término “naturaleza” hace referencia a los fenómenos del mundo físico, y también a la vida en general. Por lo general no incluye los objetos artificiales ni la intervención humana, a menos que se la califique de manera que haga referencia a ello, por ejemplo con expresiones como “naturaleza humana” o “la totalidad de la naturaleza”. La naturaleza también se encuentra diferenciada de lo sobrenatural. Se extiende desde el mundo subatómico al galáctico.
La palabra “naturaleza” proviene de la palabra germánica naturist, que significa ‘el curso de los animales’, ‘carácter natural’.1 Natura es la traducción latina de la palabra griega physis (φύσις), que en su significado original hacía referencia a la forma innata en la que crecen espontáneamente plantas y animales. El concepto de naturaleza como un todo —el universo físico— es un concepto más reciente que adquirió un uso cada vez más amplio con el desarrollo delmétodo científico moderno en los últimos siglos.2 3
Dentro de los diversos usos actuales de esta palabra, “naturaleza” puede hacer referencia al dominio general de diversos tipos de seres vivos, como plantas y animales, y en algunos casos a los procesos asociados con objetos inanimados – la forma en que existen los diversos tipos particulares de cosas y sus espontáneos cambios, así como el tiempo atmosférico, la geología de la Tierra y la materia y energía que poseen todos estos entes. A menudo se considera que significa “entorno natural”: animales salvajes, rocas, bosques, playas, y en general todas las cosas que no han sido alteradas sustancialmente por el ser humano, o que persisten a pesar de la intervención humana. Este concepto más tradicional de las cosas naturales implica una distinción entre lo natural y lo artificial (entendido esto último como algo hecho por una mente o una conciencia humana).

LATINOAMERICA EN EL CONTEXTO MUNDIAL

El exponencial crecimiento de la economía china en el transcurso de las últimas dos décadas le ha hecho depender crecientemente de materias primas y recursos naturales, bienes abundantes en la región latinoamericana, lo que hace de ésta una coyuntura proclive al estrechamiento de vínculos comerciales entre ambas partes. Es un hecho que las Inversiones Extranjeras Directas (IED) provenientes de China han experimentado un crecimiento en la región, especialmente en aquellos países que se han relacionado diplomáticamente con ella adoptando la política de una sola China.
 
La captación de inversiones representa recursos imprescindibles para la expansión de la oferta de las materias primas, reduciendo los costes de transporte y modernizando las infraestructuras. Sin embargo, el veloz crecimiento de China y su riguroso desarrollo en cuanto a las exportaciones, sumado a un proceso de perfeccionamiento institucional e incremento de la credibilidad como corolario de su adhesión a la OMC en 1995 (logrando un marco jurídico de mayor estabilidad), no sólo la han transformado en un formidable socio estratégico sino que a su vez la han convertido en una importante competidora en materia de IED, llegando a ser favorita para muchas empresas que desean colocar inversiones con altas tasas de rendimiento, desplazando así a potenciales beneficiarios de inversión como América Latina.
 
La progresiva participación de China en la economía latinoamericana supone una serie de riesgos para las economías nacionales de la región, comenzando con la declinación de la balanza comercial por un incremento de las exportaciones chinas colocadas en sus mercados nacionales, declive que perjudica directa e inmediatamente a los productores manufactureros locales, quienes se encuentran imposibilitados de competir con los productos de la potencia oriental caracterizados por su alto valor agregado e ínfimos costos de mano de obra. El comercio bilateral entre China y cada una de sus contrapartes radicadas en América Latina se encuentra signado casi exclusivamente por el intercambio de manufacturas por materias primas. La continuidad de este esquema nos lleva necesariamente a proyectar un escenario muy desalentador para la región en el que corre el riesgo de quedarse estancada en una especialización tradicional en bienes primarios, dificultándosele cada vez más la diversificación de la matriz exportadora.        
 
A diferencia del resto de la región, más del 50% de las exportaciones mexicanas y costarricenses son de manufacturas con contenido tecnológico medio y alto, por lo que no caerían bajo la categoría previamente mencionada de anclarse en la especialización tradicional en bienes primarios y productos industriales basados en recursos naturales. Pero el problema que enfrentan respecto al comercio con China se encuentra en sus balanzas comerciales, las cuales experimentan altos niveles deficitarios.
 
Más allá de la rentabilidad que pretendan las empresas chinas de las IED colocadas en la región, este mercado les resulta sumamente atractivo por el potencial de exportación libre de impuestos a los Estados Unidos. En este sentido, se pueden tomar como indicadores los TLC que tienen con Chile, Perú y Centroamérica, entre otros. A la luz de la producción asiática altamente competitiva, el resultado se traduce en un desplazamiento de la participación de la región en lo que representa el principal mercado para algunos Estados.
 
La profundización en este tipo de asociación comercial con China pretende lograr una diversificación de mercados a fin de disminuir la dependencia de un socio en particular, estrategia que tiende a ser explotada aún más en el actual contexto internacional de contracción. No obstante, cabe considerar que una basta parte de la región latinoamericana ha buscado insertarse en el mercado mundial de bienes y servicios y capitales asociándose con Estados Unidos, la Unión Europea y la región Asia - Pacífico. Esta última área, ha sido guiada entre las décadas del 60 y el 90 por Japón - tras su estrategia de transición hacia una economía de mercado y su desarrollo industrial orientado a la exportación durante el período de posguerra[1] -, quien realmente significó una opción de diversificación para América Latina. A partir de la dramática recesión económica que sufrió Japón desde finales de los 80 hasta las exitosas reformas liberales de Koizumi, China pasó a ser un actor preponderante en la región, pero al ser esta una economía en desarrollo, muchas veces se presenta como socio y muchas otras como significativo competidor, por lo que los países latinoamericanos han sido desplazados tanto del mercado internacional de bienes y servicios como así también del mercado de capitales. 
 
De todos modos, el actual contexto internacional no es favorable a la extensión crediticia, por el contrario, los organismos multilaterales de crédito están congelando sus fondos al incrementar las condiciones de estabilidad económica de los países que solicitan préstamos así como también la efectividad de las políticas implementadas por sus respectivas administraciones, por lo que el mercado de capitales seguirá esta tendencia de contracción.  En vistas de la caída de la IED, sería importante que en cierta medida pueda ir siendo compensada por la inversión pública. Las presiones por incrementos de sueldos y subsidios tendrán que ser resistidas por el gobierno manteniendo el gasto en materias esenciales como la educación y salud y en programas de política social dirigidos a los sectores más marginados.
 
Este representa un desafío primordial para la región, la cual no se caracteriza por comprometerse a un proyecto nacional planificando al largo plazo, sino que el horizonte para la mayoría de estos gobiernos se limita a los próximos comicios utilizando grandes recursos para sostener prácticas clientelistas; claro está que existen excepciones a la tendencia regional, como el proyecto brasilero de Lula, quien se retira luego de sus dos administraciones con altos índices de visión positiva por parte de la ciudadanía.
 
En cuanto al déficit fiscal que generará el cese de pago del IVA y otros tantos impuestos sensibles al consumo, su financiamiento tendrá que buscarse mediante el incremento de la deuda pública2, en mercados internacionales a costos más elevados.   
 
Creo prospero avanzar hacia acuerdos comerciales con diversos socios a fin de diversificar mercados donde colocar las exportaciones y a su vez atraer IED, siempre y cuando se realicen previamente los estudios de factibilidad necesarios con el objeto de resguardar a los sectores industriales nacionales involucrados, a quienes se le debe asegurar su prosperidad mediante la inversión y la creación de mano de obra a través de pequeñas y medianas industrias.

LA REVOLUCIÓN INGLESA



La Revolución inglesa es el periodo de la historia del Reino Unido que abarca desde 1642 hasta 1688
. Se extiende desde el fin del reinado de Carlos I de Inglaterra, pasando por la República y el Protectorado de Oliver Cromwell y finaliza con la Revolución Gloriosa, que destituye a Jacobo II.

En 1603 muere Isabel I de Inglaterra sin descendientes. Jacobo, hijo de María I de Escocia, sube al trono como el primer rey Estuardo de Inglaterra, Escocia e Irlanda. La situación política cambia: su falta de tacto con el Parlamento —debido a su idea del derecho divino de los reyes— desemboca en un largo conflicto que se agudizará con la sucesión en el trono de su hijo Carlos I, cuyo absolutismo hizo que mantuviera relaciones muy tensas durante su reinado con el Parlamento inglés, que pretendía controlar sus arbitrarias creaciones de impuestos y su reformismo religioso. Durante este reinado se suceden dos guerras civiles entre los partidarios del rey y los del Parlamento. Carlos I fue víctima del radicalismo político siendo sentenciado a pena de muerte por alta traición al Estado en 1649.
Ya desde el comienzo del reinado, en 1625, la boda del rey Carlos con Enriqueta María de Francia, provocó la ira de sus súbditos protestantes porque la reina era católica. Carlos creía, como su padre, en el derecho divino de los reyes y en la autoridad de la Iglesia de Inglaterra. Estas creencias le enfrentaron con el Parlamento, que luego disolvió reiteradamente unas tres veces, gobernando aproximadamente unos once años sin él, en el periodo llamado «Once años de tiranía». Cuando las arcas del gobierno empezaron a vaciarse, y las necesidades tanto internas como externas (conflictos bélicos con Escocia, al tratar de imponer la liturgia católica) se incrementaban cada vez más, Carlos, se vio forzado a reunir lo que se denominó el «Parlamento largo» con el fin de recaudar fondos, pero a cambio, los parlamentarios le exigían ciertas garantías políticas. Tras ciertas disputas políticas, el Parlamento se dividió entre los que estaban a favor del rey, y los que no lo estaban, estallando de esta manera una guerra civil en 1642.
El enfrentamiento entre el poder parlamentario y el poder real se saldó a favor del primero, moderando el rey su política absolutista y viéndose controlado por el Parlamento. Fue entonces cuando éste aprobó numerosas leyes anti-absolutistas. Por ejemplo, se eliminó la Corte de la Cámara estrellada, se retiró el poder al rey de disolver el parlamento y se condenó a muerte a William Laud, arzobispo de Canterbury y al conde de Strafford, gran aliado del rey.
Dos años antes, Oliver Cromwell, había vuelto al Parlamento tras su retiro en 1629. Cuando estalló la guerra civil en 1642, reunió un regimiento de caballería, para combatir en favor de la causa parlamentaria. Con este contingente logró un enorme prestigio como militar durante la primera fase de la guerra.

lunes, 2 de diciembre de 2013

LA SOLIDARIDAD

LA SOLIDARIDAD
La solidaridad nace del ser humano y se dirige esencialmente al ser humano.
La verdadera solidaridad, aquella que está llamada a impulsar los verdaderos vientos de cambio que favorezcan el desarrollo de los individuos y las naciones, está fundada principalmente en la igualdad universal que une a todos los hombres. Esta igualdad es una derivación directa e innegable de la verdadera dignidad del ser humano, que pertenece a la realidad intrínseca de la persona, sin importar su raza, edad, sexo, credo, nacionalidad o partido.
La solidaridad trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales, culturales, etc. Para instalarse en el hombre, en cualquier ser humano, y hacer sentir en nuestro interior la conciencia de una “familia” al resto de la humanidad.
La solidaridad implica afecto: la fidelidad del amigo, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la apuesta por causas impopulares o perdidas, todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero si es un deber de solidaridad.
Un análisis del concepto del valor de la solidaridad nos ofrece los siguientes componentes esenciales:
1º Compasión: porque la solidaridad es un sentimiento que determina u orienta el modo de ver y acercarse a la realidad humana y social, condiciona su perspectiva y horizonte. Supone ver las cosas y a los otros con los ojos del corazón, mirar de otra manera. Conlleva un sentimiento de fraternidad, de sentir la empatía por el dolor de los otros.
2º Reconocimiento: no toda compasión genera solidaridad, sólo aquella que reconoce al otro en su dignidad de persona. La solidaridad así tiene rostro, la presencia del otro demanda una respuesta.
3º Universalidad: “La desnudez del rostro”, la indefensión y la indigencia es toda la humanidad y simboliza la condición de pobreza de esfera intimista y privada.